Ayer volví a casa.
Cuando entré, todo era distinto. Las persianas estaban casi cerradas, pero aún así, la tenue luz que se filtraba a través de sus aberturas inundaba cada rincón de un brillo especial.
Llevaba dos días cerrada a cal y canto. Sin embargo, un suave olor dulce lo envolvía todo.
El silencio habitual sólo era quebrado por suaves gemiditos de sueño.
Hoy me he despertado de un sueño profundo. He descansado. Y cuando he abierto los ojos he podido contemplar la imagen más maravillosa que mis retinas han captado nunca. Al fondo de la imagen estaba la preciosa cara de mi mujer, dormida, templada, feliz. En primer plano estaba la cara más bonita que he visto nunca, la de mi pequeña Carolina.
Y ahora todo es distinto. Ahora no quiero lavarme las manos después de tocarla porque me huelen a ella. No quiero salir de mi casa porque necesito escuchar sus gemidos, su llanto, sus gruñiditos. No quiero dejar de mirarla porque cuando la veo siento que es imposible ser más feliz.
Bienvenida al Mundo, Carolina.
jueves 11 de junio de 2009
viernes 29 de agosto de 2008
Agua (V)
Nuria hundió la cabeza entre sus manos y rompió a llorar de nuevo. Había contenido muchas lágrimas las últimas semanas, pero ahora no había dique que detuviera ese caudal. Desahogarse con Pablo le estaba ayudando pero al mismo tiempo le irritaba. Esperaba encontrar en Pablo palabras de apoyo y consuelo, sin embargo Pablo estaba ausente, miraba el móvil, y se limitaba a contestar: “tienes que dejarlo, te va a arruinar la vida”.
Eran casi las seis de la tarde.
- Nuria, lo siento pero tengo que irme. Sabes que me quedaría contigo toda la tarde, pero hoy es un día un poco especial, tengo que terminar un trabajo y mi jefe me ha llamado tres veces. – Le mostró el móvil a Nuria, era cierto. Tenía tres mensajes de Raúl, el director.
- Vale, vete, si total...
- Nuria, por favor... Déjame que vuelva a la oficina a resolver un asunto y luego vuelvo a buscarte.
- Es igual, me voy a casa. Y prefiero que no me llames luego, quiero estar sola un rato. Y cuando vuelva Jaime hablaré con él.
- Bueno, intentaré llamarte, si no lo coges no insisto.
- Como quieras, Pablo. Dame un beso.
- Hasta luego.
- Adiós.
Jaime estaba aturdido. Empezaba a ser consciente de lo que estaba viendo, de lo que estaba viviendo, pero aún así no lo creía. Se encontraba sumergido en una pecera gigante. Varios cables unían decenas de electrodos que se repartían por su anatomía con las máquinas que podía contemplar en el exterior de la pecera. Apoyó las manos en el cristal, no sabía si quería romperlo, o simplemente confirmar que era real. Se fijó en sus manos. No eran las mismas que aporreaban las teclas a toda velocidad para generar líneas de código, tenían algo distinto, una fina membrana enlazaba cada dedo con los colindantes. Sólo al cabo de unos minutos percibió que estaba respirando con total normalidad dentro del agua. “Esto sólo puede ser un sueño, una pesadilla, pero que termine ya, por favor”.
Los dos hombres con bata volvieron a la sala. Esta vez se quedaron observando a Jaime, les sorprendió verle despierto. El más alto de ellos sacó el teléfono móvil de uno de los bolsillos de la bata y realizó una llamada. Jaime comenzó a aporrear el cristal y gritó. Sus gritos se ahogaban en el agua de la pecera. Los hombres con bata dieron un paso atrás y miraron preocupados.
Jaime se encontraba fuerte, incluso más fuerte de lo normal. Se acercó al lado de la pecera opuesto a los hombres con bata, apoyó la espalda en el cristal y se abalanzó con todas sus fueras sobre el cristal que antes había aporreado.
La sala se llenó del estruendo de cristales rotos y agua arrastrando taburetes, papeleras y todo lo que encontraba a su paso. Jaime se incorporó ágilmente y cogió del cuello a uno de los hombres con bata. Sin apenas esfuerzo lo levantó del suelo con un brazo.
Eran casi las seis de la tarde.
- Nuria, lo siento pero tengo que irme. Sabes que me quedaría contigo toda la tarde, pero hoy es un día un poco especial, tengo que terminar un trabajo y mi jefe me ha llamado tres veces. – Le mostró el móvil a Nuria, era cierto. Tenía tres mensajes de Raúl, el director.
- Vale, vete, si total...
- Nuria, por favor... Déjame que vuelva a la oficina a resolver un asunto y luego vuelvo a buscarte.
- Es igual, me voy a casa. Y prefiero que no me llames luego, quiero estar sola un rato. Y cuando vuelva Jaime hablaré con él.
- Bueno, intentaré llamarte, si no lo coges no insisto.
- Como quieras, Pablo. Dame un beso.
- Hasta luego.
- Adiós.
Jaime estaba aturdido. Empezaba a ser consciente de lo que estaba viendo, de lo que estaba viviendo, pero aún así no lo creía. Se encontraba sumergido en una pecera gigante. Varios cables unían decenas de electrodos que se repartían por su anatomía con las máquinas que podía contemplar en el exterior de la pecera. Apoyó las manos en el cristal, no sabía si quería romperlo, o simplemente confirmar que era real. Se fijó en sus manos. No eran las mismas que aporreaban las teclas a toda velocidad para generar líneas de código, tenían algo distinto, una fina membrana enlazaba cada dedo con los colindantes. Sólo al cabo de unos minutos percibió que estaba respirando con total normalidad dentro del agua. “Esto sólo puede ser un sueño, una pesadilla, pero que termine ya, por favor”.
Los dos hombres con bata volvieron a la sala. Esta vez se quedaron observando a Jaime, les sorprendió verle despierto. El más alto de ellos sacó el teléfono móvil de uno de los bolsillos de la bata y realizó una llamada. Jaime comenzó a aporrear el cristal y gritó. Sus gritos se ahogaban en el agua de la pecera. Los hombres con bata dieron un paso atrás y miraron preocupados.
Jaime se encontraba fuerte, incluso más fuerte de lo normal. Se acercó al lado de la pecera opuesto a los hombres con bata, apoyó la espalda en el cristal y se abalanzó con todas sus fueras sobre el cristal que antes había aporreado.
La sala se llenó del estruendo de cristales rotos y agua arrastrando taburetes, papeleras y todo lo que encontraba a su paso. Jaime se incorporó ágilmente y cogió del cuello a uno de los hombres con bata. Sin apenas esfuerzo lo levantó del suelo con un brazo.
jueves 7 de agosto de 2008
Ya estamos de vuelta...
Buenas!!
Se acabó mi gira por Estados Unidos, aunque afortunadamente, todavía no las vacaciones, aunque no me queda mucho. Como ha sido mucho lo que he visto y he vivido en 23 días, casi 30 horas de avión, casi 5.000 km. en coche, y después de recorrer 9estados (California, Arizona, Nevada, Utah, Idaho, Montana, Wyoming, New York y New Jersey) dedicaré alguna entrada a contaros anécdotas y consejos por si algún día os da por ir a estos sitios.
La primera anécdota - consejo que os cuento tiene que ver con la visita al Gran Cañón:
Hace ya tiempo, vimos en las noticias cómo inauguraban en el Gran Cañón una pasarela "transparente" por la que te podías pasear encima del cañón "como si fueras un pájaro", dicen ellos... Pues bien, la visita a la pasarela no está mal, pero resulta ser un timo en tu cara.
Resulta que esta instalación se ha montado en un territorio que es reserva de los indios Hualapai. ¿Habéis oido alguna vez la expresión "hacer el indio" como hacer el tonto?, pues nada más lejos de la realidad. Son listos los jodíos, muy listos, y de marketing saben un huevo. Te la van clavando poco a poco y cuando te quieres dar cuenta te han desplumado, y así están ellos, llenos de plumas, y con un montón de Ferraris ocultos en las humildes cabañas de barro.
Resulta que después de recorrerte unos cuantos kilómetros por un camino de cabras...

Se acabó mi gira por Estados Unidos, aunque afortunadamente, todavía no las vacaciones, aunque no me queda mucho. Como ha sido mucho lo que he visto y he vivido en 23 días, casi 30 horas de avión, casi 5.000 km. en coche, y después de recorrer 9estados (California, Arizona, Nevada, Utah, Idaho, Montana, Wyoming, New York y New Jersey) dedicaré alguna entrada a contaros anécdotas y consejos por si algún día os da por ir a estos sitios.
La primera anécdota - consejo que os cuento tiene que ver con la visita al Gran Cañón:
Hace ya tiempo, vimos en las noticias cómo inauguraban en el Gran Cañón una pasarela "transparente" por la que te podías pasear encima del cañón "como si fueras un pájaro", dicen ellos... Pues bien, la visita a la pasarela no está mal, pero resulta ser un timo en tu cara.
Resulta que esta instalación se ha montado en un territorio que es reserva de los indios Hualapai. ¿Habéis oido alguna vez la expresión "hacer el indio" como hacer el tonto?, pues nada más lejos de la realidad. Son listos los jodíos, muy listos, y de marketing saben un huevo. Te la van clavando poco a poco y cuando te quieres dar cuenta te han desplumado, y así están ellos, llenos de plumas, y con un montón de Ferraris ocultos en las humildes cabañas de barro.
Resulta que después de recorrerte unos cuantos kilómetros por un camino de cabras...
bueno, no es para tanto, pero es una carreterucha de tierra, llegas a las instalaciones, mejor dicho, al parking de las instalaciones, donde te pegan el primer hachazo: 20$ por aparcar el coche (en la Castellana es más barato). Qué le vamos a hacer, menos mal que vamos seis y la cosa no sale muy cara por cabellera.
Tienen una caseta donde pone tickets, y al entrar te das cuenta de que la pasarela está a tomar por culo del parking y no hay otro medio de ir que contratando un minitour de 2 horitas, en el que te enseñan las bondades del poblado indio y te pegan el segundo hachazo: 30$ por cabellera (yo, aunque soy pelón, también pago).
Te metes en el autobús y la primera parada es el ya famoso Skywalk, precio por la visita, otros 30$ por cabellera. (A estas alturas ya estábamos tiritando).

Vas a entrar todo contento aunque desplumado a la pasarela donde vas a sacar unas fotitos muy chulas y... no se puede entrar con cámara, ni con llaves, ni con nada que se pueda usar como... en fin, que no quieren que entres con la cámara y punto, lo demás es por camuflar el último hachazo que te quieren meter con la foto hecha por la cámara de fotos que ellos sí pueden pasar (20$ la foto).
En fin, yo de pequeño, cuando veía pelis de indios y vaqueros siempre iba con los indios ¡pobrecitos!, pero lo estoy reconsiderando, desde luego los Hualapais de pobrecitos no tienen nada, salimos todos pelados y sin darnos cuenta, es más, hasta casi contentos... Unos cracks!
Tienen una caseta donde pone tickets, y al entrar te das cuenta de que la pasarela está a tomar por culo del parking y no hay otro medio de ir que contratando un minitour de 2 horitas, en el que te enseñan las bondades del poblado indio y te pegan el segundo hachazo: 30$ por cabellera (yo, aunque soy pelón, también pago).
Te metes en el autobús y la primera parada es el ya famoso Skywalk, precio por la visita, otros 30$ por cabellera. (A estas alturas ya estábamos tiritando).
Vas a entrar todo contento aunque desplumado a la pasarela donde vas a sacar unas fotitos muy chulas y... no se puede entrar con cámara, ni con llaves, ni con nada que se pueda usar como... en fin, que no quieren que entres con la cámara y punto, lo demás es por camuflar el último hachazo que te quieren meter con la foto hecha por la cámara de fotos que ellos sí pueden pasar (20$ la foto).
En fin, yo de pequeño, cuando veía pelis de indios y vaqueros siempre iba con los indios ¡pobrecitos!, pero lo estoy reconsiderando, desde luego los Hualapais de pobrecitos no tienen nada, salimos todos pelados y sin darnos cuenta, es más, hasta casi contentos... Unos cracks!
sábado 5 de julio de 2008
Casi cerrado por vacaciones
El próximo viernes 11 de Julio me piro, y voy a estar muy, muy lejos durante tres semanas. Espero que sólo sean tres semanas y que no se cumplan los presagios de Álvaro, no quiero acabar en una cárcel americana emulando a Michael Scofield en Prison Break. Pero por si acaso, me voy a tatuar en las pelotas los planos de todas las cárceles por las que vaya a pasar, empezando por Alcatraz.
Mucho me temo que hasta después no podré continuar con Agua, ya lo siento, pero mi inspiración está bajo mínimos y necesita de vacaciones. Espero que los indios navajos y el oso Yogi me inspiren lo suficiente como para tomarlo con fuerzas a la vuelta.
Mientras tanto, hago caso de una propuesta más cómoda e instructiva. Nuevo blog. Os voy a proponer unos cuantos vídeos musicales y canciones que me gustan, o me recuerdan, o creo que merecen la pena ser conocidos. Ojalá os guste:
Pelon Music
Mucho me temo que hasta después no podré continuar con Agua, ya lo siento, pero mi inspiración está bajo mínimos y necesita de vacaciones. Espero que los indios navajos y el oso Yogi me inspiren lo suficiente como para tomarlo con fuerzas a la vuelta.
Mientras tanto, hago caso de una propuesta más cómoda e instructiva. Nuevo blog. Os voy a proponer unos cuantos vídeos musicales y canciones que me gustan, o me recuerdan, o creo que merecen la pena ser conocidos. Ojalá os guste:
Pelon Music
sábado 21 de junio de 2008
Agua (IV)
Andrés abrió la puerta del despacho de Raúl, echó una ojeada a su alrededor para comprobar que todo el mundo estaba trabajando, o al menos, que cada uno estaba a lo suyo. Entró y cerró la puerta con sigilo. Se acercó a la mesa y se sentó en uno de los dos cómodos butacones de cuero, cogió uno de los lápices que había sobre la mesa de Raúl y lo hizo girar sobre sus dedos de forma nerviosa.
- ¿Sabemos algo? – preguntó Andrés.
- Me ha sido imposible localizarlo. He llamado a la oficina y no está, me han dicho que ha salido a comer, pero nunca tarda más de hora y media y ya son casi las cinco.
- ¿Y el móvil?
- No lo coge, ya le he dejado tres mensajes.
- ¿Y qué hacemos?
- ¿Qué vamos a hacer? Esperar que vuelva y nos llame. Otra opción es que te tomes la tarde libre y vayas a peinar Madrid, quizá lo encuentres. Eso sí, te descuento la parte proporcional del sueldo.
- Vale, vale. Estoy un poco nervioso.
- Los nervios no valen para nada. El chaval es listo y ya ha demostrado bastante, tenemos que confiar en él.
- Es un chaval joven, nuevo.
- Andrés, ¿confías en mí?
- Claro, en ti sí confío. Son muchos años.
- Pues confía en él también, yo lo hago. Venga, preocúpate de que se resuelva el tema de los suministros que nos faltan para terminar las instalaciones. Es lo mejor que puedes hacer ahora.
- De acuerdo. Me voy. Hasta luego.
- Andrés.
- ¿Sí?
- Estamos muy cerca del final. No lo jodas ahora, has trabajado mucho, y perder la templanza no te ayudará.
- Está claro. Nos vemos luego.
- Hasta luego.
Jaime atravesó la plaza de la Cebada arrastrando los pies. Empezaba a sentir mareos y por más que hacía fuerza le era imposible coger aire. Su mente volvía a nublarse y comenzaba a olvidar por qué estaba allí, por qué no había ido a la reunión con los alemanes, y sobre todo, por qué se encontraba tan mal. Llegó al bar de los mojitos y comenzó a reconstruir como pudo la escena de la noche anterior. Se encaminó hacia la plaza de la Paja, llegó hasta la plaza del Alamillo tropezándose unas cuantas veces en los incómodos escalones de la calle del Toro. No recordaba nada. La falta de oxígeno comenzaba a pasarle factura seriamente. Todo su cuerpo era dolor y nada lo calmaba, su desesperación era tal que la única idea que brotó de su mente era quitarse la vida. No podía soportar ese dolor. Estaba a pocos metros del Viaducto de la calle Bailén, así que sin pensarlo dos veces, se encaminó hacia el que había decidido fuera el final de su tortura.
No pudo. Estando bajo los arcos del viaductos se desplomó. Su cuerpo había llegado al límite.
Abrió los ojos. Nuevamente confundido. Miró a su alrededor y todo era extraño. Se encontraba bien, pero muy desorientado. Estaba en una sala oscura, sin ventanas, y rodeado de máquinas y ordenadores. Vio a dos personas con bata, parecían médicos. Intentó acercarse pero se topó con el cristal. ¿Pero qué...? Estaba encerrado en una urna, y sumergido en... agua.
- ¿Sabemos algo? – preguntó Andrés.
- Me ha sido imposible localizarlo. He llamado a la oficina y no está, me han dicho que ha salido a comer, pero nunca tarda más de hora y media y ya son casi las cinco.
- ¿Y el móvil?
- No lo coge, ya le he dejado tres mensajes.
- ¿Y qué hacemos?
- ¿Qué vamos a hacer? Esperar que vuelva y nos llame. Otra opción es que te tomes la tarde libre y vayas a peinar Madrid, quizá lo encuentres. Eso sí, te descuento la parte proporcional del sueldo.
- Vale, vale. Estoy un poco nervioso.
- Los nervios no valen para nada. El chaval es listo y ya ha demostrado bastante, tenemos que confiar en él.
- Es un chaval joven, nuevo.
- Andrés, ¿confías en mí?
- Claro, en ti sí confío. Son muchos años.
- Pues confía en él también, yo lo hago. Venga, preocúpate de que se resuelva el tema de los suministros que nos faltan para terminar las instalaciones. Es lo mejor que puedes hacer ahora.
- De acuerdo. Me voy. Hasta luego.
- Andrés.
- ¿Sí?
- Estamos muy cerca del final. No lo jodas ahora, has trabajado mucho, y perder la templanza no te ayudará.
- Está claro. Nos vemos luego.
- Hasta luego.
Jaime atravesó la plaza de la Cebada arrastrando los pies. Empezaba a sentir mareos y por más que hacía fuerza le era imposible coger aire. Su mente volvía a nublarse y comenzaba a olvidar por qué estaba allí, por qué no había ido a la reunión con los alemanes, y sobre todo, por qué se encontraba tan mal. Llegó al bar de los mojitos y comenzó a reconstruir como pudo la escena de la noche anterior. Se encaminó hacia la plaza de la Paja, llegó hasta la plaza del Alamillo tropezándose unas cuantas veces en los incómodos escalones de la calle del Toro. No recordaba nada. La falta de oxígeno comenzaba a pasarle factura seriamente. Todo su cuerpo era dolor y nada lo calmaba, su desesperación era tal que la única idea que brotó de su mente era quitarse la vida. No podía soportar ese dolor. Estaba a pocos metros del Viaducto de la calle Bailén, así que sin pensarlo dos veces, se encaminó hacia el que había decidido fuera el final de su tortura.
No pudo. Estando bajo los arcos del viaductos se desplomó. Su cuerpo había llegado al límite.
Abrió los ojos. Nuevamente confundido. Miró a su alrededor y todo era extraño. Se encontraba bien, pero muy desorientado. Estaba en una sala oscura, sin ventanas, y rodeado de máquinas y ordenadores. Vio a dos personas con bata, parecían médicos. Intentó acercarse pero se topó con el cristal. ¿Pero qué...? Estaba encerrado en una urna, y sumergido en... agua.
miércoles 18 de junio de 2008
Recuerdos musicales
Creo que soy un fanático de la música desde... el útero de mi madre. Lo llevo en la sangre. Gran parte de mi familia, especialmente de mi familia materna, toca instrumentos musicales y canta. Yo le he dado bastante al guitarreo y la verdad es que no soy muy bueno, pero para el tiempo que le dedico tampoco está mal.
Hasta donde yo sé, todo comienza en mi abuelo materno. Él y mi abuela regentaban una taberna en el barrio de Bilbao (zona Ascao, Ciudad Lineal,...). Mientras mi abuela atendía al personal, mi abuelo se juntaba en una mesa con los amigotes a tocar bandurrias, guitarras, ... He escuchado cintas suyas y tocaba muy bien.
Como anécdota os diré que uno de los más fieles compañeros de jarana de mi abuelo era un hermano de "El Fary", no es broma, de hecho está documentado en un libro que algún día os enseñaré.
En fin, esto fue hace mucho. Más recientemente, hace unos quince años, yo estaba en el instituto y ¡casualidad! me junté con una panda de amiguetes que también eran musiqueros. Por esta época, había en mi barrio una especie de video-club en el que en vez de alquilar pelis alquilaban CD's de música. Ellos decían que vendían CD's y por un módico precio te dejaban escucharlo un par de días antes de decidir si comprarlo o no (parece ser que esto último sí era legal).
Gracias a este negocio descubrimos muchísima música, tanto buena como mala. Nos grabábamos los CD's en cinta magnética (que era lo que había antes) y si nos gustaban mucho, con los ahorros de tres meses, alguno de nosotros se compraba el original.
Recientemente me ha venido a la mente un disco que me gustó muchísimo pero no llegué a comprarme. En los últimos meses lo he buscado en muchos sitios, no sólo en todas las tiendas de música de la zona centro de Madrid, también lo busqué en enero en varias tiendas de Londres y el año pasado en alguna de Nueva York ¡agua!. Al final me lo está bajando Moe ¡Gracias, Moe! pero si lo encuentro me lo compraré.
El disco en cuestión es "Gold Against the Soul" de Manic Street Preachers. Es curioso, pero se lo he dicho a un par de personas y me han dicho ¡pero si no te pega!. Hay que escucharlo. Perdí la pista a este grupo durante varios años, hasta que no hace mucho volví a escuchar su nombre en la televisión, con una canción top40, superventas, super...lasventasmesudanlaspelotasllenasdepelos. Decepción. Efectivamente, los Manic Street Preachers de ahora no me pegan. No digo que sean malos, pero no me pegan.
Sin embargo, ese disco del 93 (lo escuché recién salido del horno) es buenísimo.
Os dejo la primera canción del disco, "Sleepflower", que es un auténtico trallazo. El guitarreo del principio es... un subidón de adrenalina. A ver qué os parece...
Hasta donde yo sé, todo comienza en mi abuelo materno. Él y mi abuela regentaban una taberna en el barrio de Bilbao (zona Ascao, Ciudad Lineal,...). Mientras mi abuela atendía al personal, mi abuelo se juntaba en una mesa con los amigotes a tocar bandurrias, guitarras, ... He escuchado cintas suyas y tocaba muy bien.
Como anécdota os diré que uno de los más fieles compañeros de jarana de mi abuelo era un hermano de "El Fary", no es broma, de hecho está documentado en un libro que algún día os enseñaré.
En fin, esto fue hace mucho. Más recientemente, hace unos quince años, yo estaba en el instituto y ¡casualidad! me junté con una panda de amiguetes que también eran musiqueros. Por esta época, había en mi barrio una especie de video-club en el que en vez de alquilar pelis alquilaban CD's de música. Ellos decían que vendían CD's y por un módico precio te dejaban escucharlo un par de días antes de decidir si comprarlo o no (parece ser que esto último sí era legal).
Gracias a este negocio descubrimos muchísima música, tanto buena como mala. Nos grabábamos los CD's en cinta magnética (que era lo que había antes) y si nos gustaban mucho, con los ahorros de tres meses, alguno de nosotros se compraba el original.
Recientemente me ha venido a la mente un disco que me gustó muchísimo pero no llegué a comprarme. En los últimos meses lo he buscado en muchos sitios, no sólo en todas las tiendas de música de la zona centro de Madrid, también lo busqué en enero en varias tiendas de Londres y el año pasado en alguna de Nueva York ¡agua!. Al final me lo está bajando Moe ¡Gracias, Moe! pero si lo encuentro me lo compraré.
El disco en cuestión es "Gold Against the Soul" de Manic Street Preachers. Es curioso, pero se lo he dicho a un par de personas y me han dicho ¡pero si no te pega!. Hay que escucharlo. Perdí la pista a este grupo durante varios años, hasta que no hace mucho volví a escuchar su nombre en la televisión, con una canción top40, superventas, super...lasventasmesudanlaspelotasllenasdepelos. Decepción. Efectivamente, los Manic Street Preachers de ahora no me pegan. No digo que sean malos, pero no me pegan.
Sin embargo, ese disco del 93 (lo escuché recién salido del horno) es buenísimo.
Os dejo la primera canción del disco, "Sleepflower", que es un auténtico trallazo. El guitarreo del principio es... un subidón de adrenalina. A ver qué os parece...
domingo 15 de junio de 2008
Agua (III)
Cuando Nuria vio a Pablo esperando en la puerta del VIPS se abalanzó corriendo sobre él y lo abrazó con fuerza, al tiempo que intentaba contener sin éxito sus lágrimas. No era la primera vez, aunque sí desde que Nuria salía con Jaime. Nuria evitaba hablar a Pablo de Jaime porque sabía que no le gustaba. El primer día que lo conocieron en Accenture, la opinión de Pablo fue: “ese niñato gilipollas se debe creer James Dean”, la de Nuria fue: “qué mono”. Desde ese primer comentario a Pablo se le revolvía el estómago cada vez que tenía que verlo, y no fueron pocas veces, pues si a Jaime se le ocurría proponer ir a un concierto, a una fiesta, a un musical, a lo que fuera, Nuria iba. Y Pablo detrás. Hasta que pasados dos meses, Nuria y Jaime comenzaron a salir juntos, entonces no tuvo más remedio que apartarse. Se alejó mucho más cambiando de trabajo tres meses después.
Pablo era muy inteligente, trabajador y responsable, y consiguió pronto un buen trabajo en una empresa farmacéutica, “21th Century Labs”, comenzó como programador pero al poco tiempo se hizo cargo de uno de los proyectos más importantes de la compañía. Ahora su futuro era prometedor y estaba totalmente absorbido por el trabajo.
Nuria era la única que conservaba su primer empleo, pues Jaime también cambió poco después a una empresa que se dedicaba a programar juegos para consola y ordenador, “Time to Play”, ahí empezó la crisis.
Jaime se encontraba nervioso, asustado. Eran muchas incógnitas a despejar por una mente más que perjudicada. Pero lo que más le preocupaba era no saber qué había hecho para encontrarse así.
Una vez se había refrescado, intentó tomar aire y llamó a Dani.
- Dime.
- Hola, Dani... Estoy hecho polvo, dile al jefe que no puedo ir a la reunión con los alemanes.
- Pero tío, si te fuiste el primero. Eres una nenaza.
- Dani, te lo digo en serio, me encuentro mal. Me debió sentar mal el último mojito.
- Bueno, bueno, la edad se abalanza sobre ti. Ya no se te puede sacar de marcha.
- Vale, lo que tú digas. ¿Se lo dices a Luis?
- Sí, yo se lo digo. Oye, si quieres luego me paso por casa a verte.
- Déjalo, no pasa nada. Si veo que me encuentro mejor voy por allí.
- Vale, majete. Cuídate.
- Hasta luego.
- Chao.
Seguía sin encontrarse bien. Abrió el grifo de la ducha y se metió sin titubear en el agua fría. Así transcurrieron veinte minutos. Todo iba mejor, empezaba a aclarar ideas, su cuerpo se recuperaba de la resaca y todo su organismo se activaba. Comenzó a pensar en la noche anterior y esta vez las ideas fluyeron más rápidas y firmes. Estaba claro, sus pasos se perdían en el último bar y después, algo tuvo que pasar.
Se vistió apresuradamente y bajó a coger el Metro.
Cinco paradas hasta La Latina, donde se bajó. Salió del Metro dispuesto a resolver todas las dudas que la fiesta le había dejado, sin embargo, se encontraba mal, se volvía a encontrar mal. La resaca que creía haber dejado en la ducha volvía por sus fueros y parecía más fuerte que antes.
Apretó sus antebrazos contra el estómago y rechinó los dientes. Tenía que saber qué le pasaba, así que como pudo, comenzó a andar hacia el bar de los mojitos.
Pablo era muy inteligente, trabajador y responsable, y consiguió pronto un buen trabajo en una empresa farmacéutica, “21th Century Labs”, comenzó como programador pero al poco tiempo se hizo cargo de uno de los proyectos más importantes de la compañía. Ahora su futuro era prometedor y estaba totalmente absorbido por el trabajo.
Nuria era la única que conservaba su primer empleo, pues Jaime también cambió poco después a una empresa que se dedicaba a programar juegos para consola y ordenador, “Time to Play”, ahí empezó la crisis.
Jaime se encontraba nervioso, asustado. Eran muchas incógnitas a despejar por una mente más que perjudicada. Pero lo que más le preocupaba era no saber qué había hecho para encontrarse así.
Una vez se había refrescado, intentó tomar aire y llamó a Dani.
- Dime.
- Hola, Dani... Estoy hecho polvo, dile al jefe que no puedo ir a la reunión con los alemanes.
- Pero tío, si te fuiste el primero. Eres una nenaza.
- Dani, te lo digo en serio, me encuentro mal. Me debió sentar mal el último mojito.
- Bueno, bueno, la edad se abalanza sobre ti. Ya no se te puede sacar de marcha.
- Vale, lo que tú digas. ¿Se lo dices a Luis?
- Sí, yo se lo digo. Oye, si quieres luego me paso por casa a verte.
- Déjalo, no pasa nada. Si veo que me encuentro mejor voy por allí.
- Vale, majete. Cuídate.
- Hasta luego.
- Chao.
Seguía sin encontrarse bien. Abrió el grifo de la ducha y se metió sin titubear en el agua fría. Así transcurrieron veinte minutos. Todo iba mejor, empezaba a aclarar ideas, su cuerpo se recuperaba de la resaca y todo su organismo se activaba. Comenzó a pensar en la noche anterior y esta vez las ideas fluyeron más rápidas y firmes. Estaba claro, sus pasos se perdían en el último bar y después, algo tuvo que pasar.
Se vistió apresuradamente y bajó a coger el Metro.
Cinco paradas hasta La Latina, donde se bajó. Salió del Metro dispuesto a resolver todas las dudas que la fiesta le había dejado, sin embargo, se encontraba mal, se volvía a encontrar mal. La resaca que creía haber dejado en la ducha volvía por sus fueros y parecía más fuerte que antes.
Apretó sus antebrazos contra el estómago y rechinó los dientes. Tenía que saber qué le pasaba, así que como pudo, comenzó a andar hacia el bar de los mojitos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)